Se acercan estas
fechas en la que nos encontramos al borde de cruzar esa línea imaginaria entre
el pasado y futuro, lo viejo y lo nuevo; se acerca el fin de un año, y de
repente nos encontramos envueltos del ambiente festivo, los monigotes, las
tradiciones, cábalas, reuniones familiares, cenas, bailes, bullicio en la
ciudad, torpedos, fuegos artificiales y sobre todo, los buenos deseos que
inundan el espacio.
Un nuevo año que
se acerca sin pedir permiso y que cada vez viene más de prisa. Y es en estos más de uno de nosotros nos
enfrentamos a la pregunta,¿365 días más? o ¿365 días menos?
Si miramos a
través de los anteojos del optimismo podríamos decir que llegan 365 días más en
nuestras vidas, aunque no tengamos la certeza de conocer lo que pueda pasar en
el transcurso, aunque no tengamos la seguridad de llegar nuevamente a otro fin de año, pero si
la confianza de vivir a plenitud, cada uno de los días que se nos regala…
Para muchos de
nosotros, estas fechas nos significan el cierre de un ciclo, y que nos lleva a
la evaluación de los 12 meses vividos, de las metas planteadas y superadas, de los
caminos recorridos, los retos aún en suspenso, las experiencias vividas. ¿Qué tanto hemos crecido?, es una pregunta
que podría surgir… Y todas estas
inquietudes son las que hacen que esperemos al nuevo año, como un regalo.
Un libro en
blanco en el que tenemos 8.760 páginas por llenar, 8.760 horas por vivir. Una nueva oportunidad de escribir en esos
días las nuevas alegrías, tristezas, derrotas, luchas… 365 días más para equivocarnos y aprender…
Pero, en este
gran mar de vivencias y emociones, encontramos en la otra orilla a todos
aquellos que llegan a esta época con el temor de acercarse a 365 días menos en
sus vidas. Este conglomerado de personas
que han visto transcurrir décadas, de manera cada vez más veloz. Que sienten que en la actualidad, la vida se
va más de prisa.
Las 12 de la
noche del 31 de diciembre es la hora cumbre, en los abrazos se conjugan los
buenos deseos, la dicha de estar con la familia y seres queridos, el baño con
el champán, las 12 uvas debajo de la mesa, las tres monedas lanzadas de
espalda, la vuelta al barrio con la maleta, todo porque el nuevo año sea mucho
mejor que el que acabamos de vivir.
La gratitud a la
vida por habernos permitido simplemente ¡vivir! Y por tenernos en este momento
abrazando un nuevo año, dándonos la oportunidad de seguir construyendo un
camino en este andar.
Pero la
nostalgia también se adentra en nuestro ser, al dejar 12 meses atrás. Recordamos a los que ya no están, a aquellos
que se fueron quedando en el camino y con quienes compartimos momentos,
simplemente inolvidables. A los que
están lejos, les mandamos los más cariñosos saludos, deseándoles que en la
parte del mundo en el que se encuentren sean felices y cumplan sus sueños.
Muchos de
nosotros hemos escuchado que precisamente en estas fechas el planeta destella
una luz particular en el espacio, dicen que se debe a las buenas energías que
los habitantes irradian a su alrededor…
Que sean esas
energías las que nos acompañe en este 2012…
abracemos este nuevo año que con él llegan nuevas promesas que
cumplir!!!
Marcia Noemí Christiansen
Barberán
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