Como ya lo mencionamos, una campaña electoral debe contar con un plan estratégico, donde se fijan los objetivos, indicadores, acciones; que se desarrollarán dentro de los cronogramas establecidos para obtener los resultados planteados.
Dentro de las estrategias, deben especificarse los grupos objetivos que se tomarán en cuenta, y los momentos propicios en los que se debe llamar la atención de los integrantes, con el objetivo de captar y sostener a los votantes.
Conocer a fondo en qué terreno vamos a trabajar y a qué personas y grupos nos vamos a dirigir, son puntos esenciales para ejecutar nuestra estrategia política.
Hay que tener claro que nos podemos encontrar con varios grupos objetivos a los que debemos tener a nuestro lado: líderes de opinión, voto duro y electores naturales; los independientes e indecisos informados y los indecisos estructurales, desinformados y desinteresados en la política.
A ellos debemos convencerlos, vender nuestro candidato, convertirlos en nuestros aliados, involucrarlos. Pero hay que conocer, repito, que hay cada tiempo para cada grupo; el trato no es igual y una vez que los tenemos de nuestro lado hay que, siempre trabajar por mantenerlos.
Desde la forma de cómo presentar el mensaje de nuestro candidato al público, la manera de saludar, de llegar hasta los diferentes lugares, de acercarse a las personas, subir a la tarima, caminar, dar la mano, su ropa, sus gestos, etc. todo, en su conjunto nos permitirá ganar adeptos o perderlos.
Y para ello es necesario un estudio profundo de la realidad, conocer el entorno y a cada uno de los integrantes; esto nos permitirá una manera más fácil de contactarlos y que nuestro mensaje sea mejor aceptado, optimizando los recursos que se invierten.
Ahora, es necesario, como lo mencionamos anteriormente analizar el comportamiento de cada grupo para así decidir como continuamos con la campaña.
Si hacemos caso omiso a este punto, el de conocer a los grupos objetivos, sin duda alguna, perderemos votos y pagaremos un alto costo.
Dentro de las estrategias, deben especificarse los grupos objetivos que se tomarán en cuenta, y los momentos propicios en los que se debe llamar la atención de los integrantes, con el objetivo de captar y sostener a los votantes.
Conocer a fondo en qué terreno vamos a trabajar y a qué personas y grupos nos vamos a dirigir, son puntos esenciales para ejecutar nuestra estrategia política.
Hay que tener claro que nos podemos encontrar con varios grupos objetivos a los que debemos tener a nuestro lado: líderes de opinión, voto duro y electores naturales; los independientes e indecisos informados y los indecisos estructurales, desinformados y desinteresados en la política.
A ellos debemos convencerlos, vender nuestro candidato, convertirlos en nuestros aliados, involucrarlos. Pero hay que conocer, repito, que hay cada tiempo para cada grupo; el trato no es igual y una vez que los tenemos de nuestro lado hay que, siempre trabajar por mantenerlos.
Desde la forma de cómo presentar el mensaje de nuestro candidato al público, la manera de saludar, de llegar hasta los diferentes lugares, de acercarse a las personas, subir a la tarima, caminar, dar la mano, su ropa, sus gestos, etc. todo, en su conjunto nos permitirá ganar adeptos o perderlos.
Y para ello es necesario un estudio profundo de la realidad, conocer el entorno y a cada uno de los integrantes; esto nos permitirá una manera más fácil de contactarlos y que nuestro mensaje sea mejor aceptado, optimizando los recursos que se invierten.
Ahora, es necesario, como lo mencionamos anteriormente analizar el comportamiento de cada grupo para así decidir como continuamos con la campaña.
Si hacemos caso omiso a este punto, el de conocer a los grupos objetivos, sin duda alguna, perderemos votos y pagaremos un alto costo.
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